Educación y pandemia COVID-19

Conferencia OEI-Acuerdo Iberoamericano sobre reconocimiento COVID-19

En Andorra, el día 6 de octubre de 2020, la XXVII Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Educación de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) reunidos por medios telemáticos, contiene un conjunto de acuerdos bajo el lema “Innovación para el Desarrollo Sostenible – Objetivo 2030”

Las autoridades educativas de Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, reunidas en la XXVII Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Educación, examinaron el impacto de la pandemia del COVID-19 en sus sistemas educativos, compartieron experiencias y buenas prácticas para combatir sus efectos”1

El documento señala que Iberoamérica, frente el reto del Coronavirus, se vincula con la voluntad de impulsar la innovación en Iberoamérica y ponerla al servicio del cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible.

Reflexiones, acuerdos y tratos

Los ministras y ministros de Educación de Iberoamérica se reunieron de forma virtual y acordaron dar un impulso decisivo a la innovación, la formación digital, el aprendizaje a lo largo de la vida y la capacitación del profesorado con el fin de garantizar la continuidad de la enseñanza y mejorar su calidad, y así minimizar el impacto que la crisis del COVID-19, que ha tenido consecuencias negativas en la vida de 177 millones de estudiantes de la región.

Como consecuencia de la pandemia del coronavirus, más de 20 millones de niños y niñas han quedado excluidos del sistema educativo en Iberoamérica y más de 20 millones de estudiantes universitarios han tenido que suspender su formación presencial. En América Latina, casi el 70% de este último grupo era la primera generación en su familia en llegar a la universidad.

La mayoría de los estudiantes afectados por la pandemia dispone de escasos recursos, vive en zonas rurales sin acceso a internet o pertenece a familias que, debido a la situación económica, no pueden seguir cubriendo sus gastos educativos.

La pandemia también ha puesto al descubierto la brecha digital en la educación: mientras en la región más del 90% de las familias de mayores recursos cuentan con acceso a internet, solo el 30% de las más pobres lo tienen.

Entre las acciones y acuerdos de la Conferencia destacan:

  • Impulsar nuevos modelos de aprendizaje, más flexibles y personalizados, que incluyan el emprendimiento y la innovación de manera integrada y transversal en los currículos, como herramientas centrales para que las personas jóvenes puedan desenvolverse en un contexto incierto y cambiante.
  • Favorecer la formación a lo largo de la vida, con el fin de facilitar que toda persona pueda adquirir, actualizar, completar y ampliar sus capacidades para su desarrollo personal y profesional.
  • Formular un plan de acción dirigido a la escuela digital para hacer frente a la brecha digital en la región y avanzar en la incorporación de recursos digitales en los procesos de enseñanza y aprendizaje, garantizando la calidad y la mayor equidad en la atención a los grupos en situación de vulnerabilidad.
  • Promover la capacitación y formación continua de las y los docentes, dotando al profesorado de los medios y competencias digitales para adaptarse a entornos virtuales e híbridos mediante la aplicación de metodologías de enseñanza no presencial.

Sobre los retos

El mundo de la educación, sus procesos y nosotros, los y las docentes, nos hemos visto afectados en nuestra conciencia, nuestras prácticas, en nuestra labor. Sin previo aviso, la epidemia nos deja fuera del aula, sin nuestros recursos de enseñanza. Así, nos plantea nuevos procedimientos, nuevos horarios y prácticas a las cuales estábamos acostumbrados para enseñar; pero, sobre todo, nos aleja de nuestra contraparte que da sentido a nuestra labor: nuestros niños y niñas, nuestros jóvenes estudiantes.

El reto

Nadie en la sociedad actual estuvo o está preparado para migrar de improviso a una educación a distancia. Ninguna escuela en Chile, América Latina o el mundo se pudo preparar para enfrentar este abrupto cambio respecto de los tiempos, espacios y modalidades de educación.

El presente desafío nos coloca a los docentes en la palestra de las familias, nos evidencia como «actores de primera línea” ante la sociedad, y con seguridad, el país nos responsabilizará de los logros o los fracasos que esta nueva experiencia pueda generar.

Al igual que el personal médico y sanitario que lucha -sin las debidas armas- en el frente de batalla contra esta pandemia, también a los educadores nos ha tocado posicionarnos en primer plano en esta crisis, que ya no sólo es sanitaria, sino económica, social, educativa y cultural… Pero convengamos: el combate es dado sin las suficientes y necesarias herramientas para dar respuesta a este insoslayable reto: seguir educando en tiempos de crisis.

En este sentido, ¡vaya un sentido homenaje a los docentes de nuestro país y del mundo entero!

Respecto de las acciones acordadas por la XXVII Conferencia OEI, apuntamos las siguientes reflexiones:

Los retos y las oportunidades de transformación digital

La pandemia COVID-19 está acelerando la transformación digital en la educación, en donde la educación a distancia es ahora una realidad impulsada por la necesidad. Al respecto, la transformación digital en la educación pasa por establecer procesos de alfabetización mediática que requiere:

  • Que los procesos se adapten a las nuevas formas de aprender y acceder al conocimiento de las nuevas generaciones, con especial atención a los nativos digitales para que se puedan desarrollar a nivel personal, profesional, académico y social, aprovechando los recursos tecnológicos y digitales.
  • La transformación digital en la educación también requiere que se orienten los currículos hacia la inclusión de las tecnologías en el aula. La transformación digital de las instituciones educativas requiere que la transformación digital oriente y adapte los currículos hacia la inclusión de las tecnologías en el aula.
  • Requiere también la necesidad, por parte de los docentes, de ajustar sus estrategias metodológicas, a partir del uso de las TIC y el desarrollo de las e-competencias, el trabajo colaborativo, las habilidades de búsqueda y selección de información de calidad; de lo anterior depende la capacidad de adaptarse a las novedades tecnológicas y de usarlas de manera lúdica, cooperativa y en red a través de los medios interactivos.

Criterios de Oposición

Los requerimientos anteriores esgrimen las siguientes oposiciones y críticas:

  • Es reconocido y tradicional, desde los ámbitos docente y familiar, que el estudiantado necesita del acompañamiento y de las clases presenciales para el desarrollo educativo, y así, muchos aseguran que los procesos educativos en línea o de forma remota, tienden a ser de menor calidad.
  • La transformación digital de la educación se enfrenta a la limitación de conectividad de algunos sectores sociales, especialmente de aquellos de vulnerabilidad socioeconómica, en donde tanto estudiantes como profesores no tienen acceso a equipos, o la calidad de la red internet es baja.
  • Con la declaración del estado de alarma por el Covid-19 y el cierre de las escuelas, la discusión sobre el acceso del alumnado a las tecnologías se ha obviado y ha obligado a que las instituciones educativas cierren sus operaciones o se adapten a modelos en que se elimina la presencialidad, llevando al uso de herramientas virtuales de comunicación, complementándolo con estrategias poco efectivas como la televisión, radio y guías de trabajo para el estudiante.

Nudos críticos

En este nuevo escenario los encuentros presenciales se han vuelto virtuales, flexibilizando el proceso enseñanza-aprendizaje, pero la responsabilidad y el ritmo de aprendizaje aún está en la persona del docente, quien ha tenido que aprender sobre la marcha competencias digitales, y en muchos de los casos sin el desarrollo de las herramientas e-learning, en tanto metodológicas y didácticas de apoyo para el desarrollo de las clases. Por otro lado, se haría muy difícil conservar los modelos señalados, una vez superada la crisis. Además, las prácticas anteriormente adoptadas en situación excepcional, no pueden ser consideradas como transformación digital, ya que se orientan más bien hacia una educación de tipo remota en situación de emergencia.

Así, para algunos, el proceso enseñanza-aprendizaje resulta ser una complicación incómoda mientras que, para otros, la situación es aún más preocupante. En comunas donde el 70 % de los estudiantes vienen de familias de bajos ingresos, llevar la escuela a casa significa enfrentarse a no poder ofrecer comidas adecuadas, y mucho menos la tecnología o conectividad necesarias para el aprendizaje online. Este es un enorme desafío sobre la equidad educativa, porque tiene consecuencias que alteran la vida de los estudiantes más vulnerables.

Desafortunadamente, las escuelas que pueden ofrecer una experiencia académica virtual completa, con alumnos que cuentan con dispositivos electrónicos, profesores que saben cómo diseñar lecciones en línea funcionales y una cultura basada en el aprendizaje tecnológico, no son muchas. La realidad es que la mayoría de las escuelas no están preparadas para este cambio, porque más allá de las «cajas y cables» que dan a los niños acceso a Internet, lo que sucede es que cuando están en línea surge otro problema, que permite reconocer el acceso desigual a internet entendido sólo como uno de los muchos problemas que enfrenta el sistema educativo.

La pandemia y la formación a lo largo de la vida

El coronavirus está cambiando la forma en que se imparte la educación, ya que la escuela y el hogar ahora se convierten en el mismo lugar tras las necesarias regulaciones efectuadas. Según la UNESCO, más de 861,7 millones de niños y jóvenes en 119 países se han visto afectados al tener que hacer frente a la pandemia global que nos ha sacudido este año. Por ejemplo, millones de familias en EE.UU. se han tenido que unir al 1,7 millón de niños que se encuentran enrolados en la educación en el hogar.

En Chile, el MINEDUC declara que “alrededor de un 10% de los estudiantes no ha recibido educación durante este año, es decir, no han formado parte de ninguna actividad escolar. Estos son estudiantes con los que no se ha logrado tomar contacto alguno y por tanto han quedado desvinculados del sistema educacional, principal factor de riesgo de la deserción escolar2”. Esto nos remite a una alta preocupación sobre el desarrollo de la educación permanente en nuestro país.

La formación a lo largo de la vida, entendida como exigencias sociolaborales y de desarrollo personal, ha sido tratado desde diferentes perspectivas en la historia de la Educación. El particular concepto de educación permanente responde a tres cuestiones claves: ¿qué es la educación a lo largo de la vida, o educación permanente?, ¿por qué razón debemos considerarla? y ¿con qué fin debemos utilizarla? Al respecto, se pone especial énfasis en las características actuales de la dinámica del trabajo y en la inserción de las personas en dicha dinámica desde una perspectiva humanística y, ahora, en tiempo de pandemia.

Las ideas que intentaremos exponer sobre la formación a lo largo de la vida pretenden ser una reflexión sobre los procesos que se dan en las relaciones entre la empresa y el desarrollo de la persona; cómo se puede convivir de parte de unos y de otros, y eso podría, a su vez, repercutir en cómo se afronte en el día a día en los centros de producción. En todo caso, estamos convencidos de que ello va a depender de dónde se ponga el énfasis, si en el primero o en el segundo término, es decir, en las exigencias sociolaborales o en el desarrollo personal.

En definitiva, frente al reto pandemia v/s Educación, no podemos perder de vista que “…la meta del desarrollo humano (…) lleva a superar toda concepción de la educación que sea estrechamente utilitaria. La educación no sirve únicamente para proveer al mundo económico de personas calificadas; no se dirige al ser humano como agente económico, sino como finalidad del desarrollo. Realizar plenamente los talentos y aptitudes que cada persona lleva en sí responde a la vez a su misión fundamentalmente humanista, a la exigencia de equidad que debe guiar toda política…” (Delors, 1996: 90-91). Así pues, el reto de los procesos educativos y formativos habrá de pasar -en una sociedad como la nuestra, en vías de desarrollo, donde la transformación tecnológica se está produciendo en todos los órdenes de la vida por no perder de vista lo fundamental: la integración de los individuos que la componen en la complejidad de los procesos que se establecen, desde una concepción humanista, donde la persona es el referente principal, alrededor de la cual deben girar todos los procesos, sean estos productivo económicos, participativo-culturales o sociales en general. Como nos indica Delors (1996), “la educación y la formación en la actualidad debe construirse en torno a cuatro pilares básicos:

  1. Aprender a vivir juntos, conociendo y comprendiendo las particularidades de los demás, que nos lleven a solventar los posibles conflictos que puedan surgir en las relaciones interpersonales e internacionales.
  2. Aprender a conocer, fundamentado en un aprendizaje de materias básicas que nos sirvan para el aprender a lo largo de toda la vida.
  3. Aprender a hacer, en un sentido de adquisición de competencias -más allá del aprendizaje de un oficio- que nos permitan hacer frente a numerosas situaciones y que nos faciliten poder trabajar en equipo.
  4. Y, sobre todo, aprender a ser, en un doble sentido, en el social, en el que cada vez se nos va a exigir más respecto de nuestra autonomía, capacidad de juicio y responsabilidad personal en la realización del destino colectivo, y en el personal, en el sentido de desarrollo de todas las potencialidades individuales.

Sobre la escuela y los sistemas educativos innovadores

Tratamos sobre el sistema educativo comprometido con la sostenibilidad, y que fomenta la competencia emprendedora de los alumnos. “El “shock” inicial de la suspensión de clases presenciales en todo el país derivó rápidamente en la puesta en marcha de una modalidad de educación a distancia que, ya sabemos, se extenderá por un tiempo. Mejorar este trabajo educacional “remoto” será un reto que convivirá con la preparación de la compleja e inédita fase de “regreso” al trabajo cara a cara en las escuelas y liceos. La reflexión que acá realizamos busca aportar en ambos sentidos, por una parte, identificando algunas lecciones que consideramos centrales para sostener y mejorar la educación en este período de confinamiento y, por otra, relevando lo que observamos como nudos críticos del proceso de vuelta a clases presenciales”3

Chile y la Educación en el ámbito Covid-19

La Mesa Social 3B, en Julio de 2020 señala: “Se ha ido configurando un sistema de enseñanza-aprendizaje que ha generado un conjunto de adecuaciones de los sistemas educativos a nivel mundial, y Chile no ha sido la excepción. El inicio truncado del año escolar y su adaptación a una forma remota ha implicado acciones emergentes con el fin de mantener vínculos y evitar, en lo posible, la interrupción del proceso pedagógico entre docentes y estudiantes. Particularmente en Chile, esta situación está ocurriendo mientras el sistema escolar aún se adapta a los efectos de la crisis social que ha mantenido un constante estado de movilización desde el 18 de octubre de 2019. Reconocer que como docentes y comunidad nos encontramos
navegando un territorio inexplorado e incierto, ofrece la oportunidad de abrirnos a modelos de enseñanza y aprendizaje más flexibles, dialogantes, creativos y sensibles. Aquí, principios como priorización, flexibilidad, integración y agencia son fundamentales para apoyar tanto el bienestar de la comunidad escolar, como para potenciar las habilidades transversales de pensamiento y las habilidades socioemocionales”4

Preocupación docente

Karin González Allende5 , profesora con 21 años de experiencia, se desempeña como docente en Trewhelas´s School y el Liceo Experimental Manuel de Salas, además de dictar clases en la Universidad de Chile. La profesora, en su doble militancia -entre el contexto escolar y universitario- le ha permitido mantener los “pies en la tierra” al momento de formar a los futuros profesores. Nos dice que:

El proceso de pasar de la educación presencial a la educación virtual en tan solo dos días ha sido uno de los procesos que más me han llevado a reflexionar sobre educación. Muchas veces y a lo largo de la historia de Chile, y del mundo, los profesores somos foco de críticas. Un ejemplo histórico de aquello, ocurrió en la década de 1950, fue intensa la crítica a las escuelas públicas de Estados Unidos: el lanzamiento del satélite soviético Sputnik en 1957 puso en duda la calidad del sistema educacional norteamericano. Pese a la irracionalidad de esta acusación, los políticos de la época la hicieron perdurar. Pero en situación de pandemia, el proceso educativo nuevamente ha sido el foco de atención y de críticas de muchas partes. Alguien se ha preguntado: ¿qué hemos tenido que vivenciar los maestros en este experimento espontáneo de realizar educación virtual contra la incertidumbre y la pandemia?

  • Lo primero que se puso de manifiesto es la tremenda desigualdad e inequidad que existe en la educación chilena: muchos estudiantes y profesores no cuentan con los recursos materiales mínimos para iniciar sus clases de forma virtual, y esto no es algo que leí en algún medio de comunicación, es lo que he vivido con mis propios estudiantes y a través de mis propios colegas.
  • En segundo lugar, otra de las grandes dificultades fue que, a pesar de que algunos estudiantes y profesores contaban con recursos materiales como computador e Internet, no necesariamente contaban con un espacio para iniciar sus clases, las que requieren de un clima de trabajo y/o estudio adecuado para la atención perceptual.
  • Como corolario de lo anterior, surge una tercera problemática muy relevante y con patrones de género claramente definidos: es la doble presencia del trabajo laboral y familiar que muchos profesores, y especialmente profesoras han debido sobrellevar.
  • El cuarto problema que queda de manifiesto en esta crisis, es que tanto algunos estudiantes como algunos profesores no contaban con la preparación o capacitación para transformar e iniciar, de un día para otro, clases virtuales, donde no solo se requiere de conocimientos sobre plataformas y software, sino de nuevas estrategias metodológicas y de evaluación, especiales para clases virtuales, ya sea sincrónicas o asincrónicas.
  • A pesar de los problemas señalados, y del agobio laboral, la mayoría de las y los docentes hemos intentado -en contra de la presión del medio educativo y social- y de la incertidumbre de esta pandemia, en términos de salud, trabajo y situación económica, llevar a cabo los procesos de aprendizaje con nuestros estudiantes. En este proceso he podido ver in situ, desde mi práctica en aula, como rápidamente hemos tenido que aprender a utilizar plataformas y softwares.
  • Hemos tenido que duplicar nuestros espacios y transformarlos en algunos momentos en salas de clases, y en otros momentos en el comedor de nuestras familias; hemos tenido que invertir tiempo en aprender sobre tecnología y al mismo tiempo a aprender sobre estrategias metodológicas; hemos tenido que rediseñar nuestras clases y nuestras formas de evaluación, hemos tenido que invertir tiempo para responder preguntas individualizadas y contestar decenas de emails, chats y mensajes por varias vías.
  • Hemos debido a aprender autocontrolar nuestras emociones para apoyar, no solo a nuestros estudiantes, sino también hemos tenido que contener a las familias de nuestros estudiantes para ayudarlos a comprender los nuevos procesos educativos y hemos tenido que contener a nuestras propias familias. Sin embargo, también hemos tenido que comprender nuestro agobio, poco a poco, para darnos cuenta que también nosotros estamos viviendo esta pandemia y sus incertidumbres.
  • Sin duda, esta pandemia nos ha puesto a reflexionar sobre estos problemas, pero también nos ha hecho reflexionar sobre el sistema educativo nacional. También nos ha tocado revisar la relevancia del currículum nacional y la valoración de la profesión docente en la sociedad chilena.

Preguntas en contexto

La profesora Karin González reflexiona y pregunta:

  • ¿Los contenidos que tratamos en clases son realmente lo que requieren nuestros estudiantes, ahora personas y luego futuros ciudadanos?
  • ¿Tiene sentido preocuparnos de cumplir con las exigencias de los programas académicos y pasar materias a presión para cumplir con la cobertura curricular?
  • ¿Será esta una oportunidad para replantearnos como docentes activos la arquitectura curricular y encontrar nuevos sentidos a la educación?
  • ¿La formación ética y valórica que estamos entregando como educadores es realmente la que requiere la humanidad en un contexto de crisis como la pandemia?
  • ¿La evaluación que hemos desarrollado realmente tiene sentido en estos contextos de crisis? ¿Tiene sentido desarrollar en estas condiciones pruebas estandarizadas?
  • ¿Qué lugar toma el autocuidado y el cuidado de los otros en nuestro currículum nacional?
  • ¿Cuál es nuestro rol docente en contextos de crisis? ¿Qué lugar deben tener los profesores en la valoración de la sociedad?
  • ¿Será el momento para replantearnos nuestro propio rol docente en la sociedad?

Tal vez estas preguntas no puedan ser respondidas en este simple texto, pero sin duda, nos llevan a replantearnos la educación que muchos profesores queremos para nuestros estudiantes6.

La lectura anterior nos remite, en primer lugar, al desafío escolar de conocer qué modelos de enseñanza-aprendizaje pueden ser flexibles, dialogantes, creativos y sensibles a la hora de gestionar el nuevo escenario pedagógico. A nuestro juicio, un modelo de enseñanza-aprendizaje es flexible y dialogante, cuando la propuesta formal de educación permite atender a poblaciones diversas de ciertas condiciones y características, especialmente las reconocidas como vulnerabilidad social y las dificultades para participar en la oferta educativa tradicional y también supone la que debe ser ofrecida en tiempos de crisis de pandemia.

El reto de la evaluación desde el confinamiento

Desde España, Fernando Trujillo7 entrega las conclusiones de la investigación llevada a cabo sobre el reto de la evaluación en tiempos de la COVID – 19: “Muchos países tienen una amplia experiencia de reformas educativas y de programas de mejora e innovación que han dejado un sabor agridulce pasado un tiempo. Obviamente, son muchos los factores que se podrían señalar para que se haya instalado entre la comunidad educativa y los responsables políticos esta sensación de oportunidad perdida, pero una de ellas es la percepción por parte del profesorado de que muchos de estos procesos de cambio se realizan de arriba a abajo y sin conocer ni valorar la opinión del profesorado.

Sin embargo, el profesorado es el principal agente de actuación, transformación y mejora en cualquier sistema educativo. Son muchas las evidencias científicas que constatan la importancia de las creencias, las teorías y las prácticas del profesorado a la hora de responder a cualquier reto o problema que se plantee en las aulas o en el sistema. Por esta razón, ante la nueva situación creada por la pandemia de la COVID-19, el cierre de los centros educativos y las dificultades para la enseñanza a distancia y la evaluación del curso 2019 – 2020. Conocer la opinión del profesorado no es solo una curiosidad científica sino una obligación si queremos saber cómo actuar ante este reto imprevisto. Sin esa información se estará diseñando, una vez más, una solución vertical que no cuente con quien finalmente habrá de ejecutarla: el profesorado.

Así, la investigación “Escenarios de evaluación en el contexto de la pandemia por la COVID – 19: la opinión del profesorado” pretende mostrar cuál podría ser la resolución de este curso atípico desde la perspectiva del profesorado. Sin embargo, es también mucho más: nos permite comprender la complejidad, los matices y los retos de la labor docente en un contexto de normalidad y en esta situación excepcional. Sea, por tanto, también esta investigación una manera de reconocer la silenciosa y esforzada tarea de los docentes en todo el mundo, que han sabido levantar de la noche a la mañana una red de educación a distancia usando sus propios recursos y una gran dosis de entrega y profesionalidad.

Conocer el futuro es imposible, pero plantearnos posibles futuros alternativos es una manera de reducir la incertidumbre y de prepararnos para tomar las mejores decisiones llegado el momento. Ese empeño preside cada palabra de este documento. (Descarga las conclusiones de la investigación cuya puesta en página ha sido fruto de la colaboración entre #SantillanaLAB y los responsables de la investigación: Informe escenarios evaluación COVID-19)

¡Profesores, a tomar los cursos!

El profesor Fernando Sagredo Aguayo8, entrega algunas conclusiones sobre la irracionalidad productiva en tiempos de pandemia. En 1957 arribó a Valparaíso un barco proveniente desde Estados Unidos. Meses más tarde, Chile vivía una de las peores epidemias de su historia… ¿el saldo? 20.000 muertos, suspensión efectiva de clases, y una gota más para que el vaso que llenaba la dictadura soterrada de Carlos Ibáñez del Campo9, cifrara su destino.

La relación de lo anterior con el escenario actual, parece más que evidente; una epidemia de carácter global, un gobierno con un populismo de derecha y políticas de distanciamiento social, que, entre lavativas y cal, intenta frenar el avance de la poliomielitis. ¿Qué tiene que ver esto con la escuela? Todo, pero desde una distancia curiosa, una lejanía que a la vez que temporal, es de fundamentos y de perspectivas. Los fanáticos de los manuales de ciencias sociales, hijos del estructuralismo de la primera mitad del siglo pasado, argumentarían que somos vástagos de nuestra época, y que en el del cansancio (Byug-Chul Han) con su pasión por la libertad productiva, el amasijo rampante de la tecnocracia, la burocracia y el clamor por los indicadores estadísticos (que de partida han levantado esta pandemia a niveles de cómputos en tiempo real, que dejan pasmado a cualquiera) nos ponen en un extremo siniestro, donde la profecía heideggeriana de la técnica y el hombre, cobra (o quita) vida. La teleología del dominio sin reservas, hoy más que nunca, es la norma. Sin duda, estamos en el escenario perfecto para la distopia orwelliana, y allí, la escuela es su matriz.

Más allá de las teorías de la reproducción levantadas desde el primer Althusser hasta Bourdieu o Bernstein, y que ubicaban a la escuela como un aparato o dispositivo intrauterino, donde la cultura es la rueda que mueve el modelo económico, estamos en condiciones, de asegurar que la tozudez con la que se busca mantener los ciclos, los tiempos y las rutinas productivas, es quizás, el síntoma más claro de aquel dictum marxista que enseña que lo que da vida al capitalismo no es el capital ni tampoco la circulación, sino el movimiento permanente que despunta en el corazón del modo de producción.

Los profesores deben, cuál más cuál menos, seguir los horarios de clases, pero ahora con la vehemencia estadística y compulsiva del dato duro como hoja de ruta. Ahora más que nunca se trata de concebir lo real como aquello que es posible mensurar. ¿Cuántos estudiantes entraron a Classroom? ¿Cuántos entregaron sus guías? ¿Cuántos apoderados han contactado? ¿Cuántos niños no tienen acceso a internet? Y por supuesto, muy a pesar, de que las recomendaciones de expertos, fundaciones y organizaciones gremiales, apuntan a que lo sustantivo, al menos, en este contexto, debiera poner en el centro, la contención o el apoyo psicosocial, diversas autoridades insisten en que hay una línea que no se puede cortar. Se habla de realizar SIMCE, continuar con la carrera docente, seguir adelante con la creación de Programas de Mejora Educativa, todo esto, en la peor pandemia de la historia reciente. Una cosa: recordemos que inicialmente los niños debían volver a clases a fines de abril. Por supuesto, ni Figueroa ni todo el montaje tecnocrático pueden verlo de otro modo.

Cuando Walter Benjamín en sus tesis sobre la historia habla de progreso lo hace en términos poco alentadores. A diferencia de una teleología hegeliana y que a su modo Marx retomará para profetizar el fin del capitalismo, Benjamín entiende que la historia es una locomotora desenfrenada y cuyo camino está plagado de violencia. No hay que acelerar, dirá, hay que detener el trayecto: hay que bajarse de ese animal de hierro. Y hoy estamos en un escenario similar, más allá de las razones de origen del virus y su impacto en el porvenir, lo importante es detenernos, ni siquiera a pensar, sino simplemente por hacer una pausa por el gusto de frenar una locomotora que pedía a gritos que tiraran de la palanca de emergencia.

La tensión del presente, su “presencia” indescifrable, nos hace creer que el tiempo histórico sigue su curso, cuando sólo una mirada desde una distancia mayor, nos demuestra que lo Inédito aquí es la profundidad de un desvío de cierto progreso que de a poco fue mostrándose insatisfactorio. De lo que hablamos es de la tachadura del tiempo histórico: el calendario institucional, las labores y los circuitos que, hasta enero movían un modelo de producción que -paradójicamente- acabó con la historia, están temporalmente liquidados. Y sí en 1957 la opción fue sencilla: suspender las clases hasta el fin de la epidemia, hoy, en el Antropoceno tecnocrático, la máquina debe seguir aceitándose. Tenemos la tecnología para hacerlo dirán unos, y es verdad. Sin embargo, lo crucial es entender por qué se sigue a pesar que sabemos que no avanzamos (las teorías de la inteligencia emocional, los estilos de aprendizaje o DUA, tan en boga, insisten que sin emoción no hay aprendizaje, pero de pronto, todos creen que es posible aprender desde un computador).

Una sospecha es evidente: universidades y no pocos colegios son pagados, y para seguir cobrando hay que seguir “prestando el servicio”. Lo siguiente es menos claro, y es que no sólo se sigue produciendo, sino que se defiende la saturación de labores a distancia, porque “es una oportunidad para avanzar a los desafíos del siglo XXI”, entonces la pandemia, la catástrofe sanitaria que nos llevará según expertos a desempleo de dos cifras, a escenarios de hambre, a una mortalidad inédita en nuestro país y el mundo, resulta ser una buena oportunidad para modernizarnos. Lo tercero es el odio al ocio y a lo inútil. El escritor italiano Nuccio Ordine, en su bello ensayo “en defensa de lo inútil” nos advierte que en la actualidad el tiempo para la contemplación o para el goce sin objeto, es una mácula con la que el el sistema lucha constantemente y tristemente, la escuela es el laboratorio donde se configura un triunfo (ya sabemos cuál).

Hoy, estudiantes y profesores viven el día a día, como si estuviésemos trazando un año cualquiera. Pero sabemos, que este año tiene más los tintes del “tiempo desarticulado” de Philip. K. Dick o de las entelequias marcianas de Kurt Vonnegut. El burócrata o el técnico, sin embargo, con la miopía que les es propia en tanto representantes de los llamados modelos de gestión, nos dicen que las tareas deben proseguir. El currículum debe continuar, los profesores más que nunca, se llenan de cursos de capacitación, y la palabra innovación se pronuncia como un mantra. Y es que una versión diminuta de la vida es la que prima en el capitalismo. El éxito del modelo se resuelve precisamente en el lugar que debiese deshacer su hechizo, y hoy tristemente se mantiene la reificación de un determinado modo de aprender y producir. ¿No será más sano dejar que esto pase y poner nuestras energías en la rearticulación, distinta, por supuesto, de una sociedad que lo primero que debe hacer, al menos ahora, es aprender a cambiar y no a reproducir?

Sobre lo educativo en tiempos de pandemia

Columna de opinión del Dr. Marcelo Arancibia Herrera, académico del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Austral de Chile10.

A riesgo de ser reiterativo: vivir un tiempo inédito requiere respuestas originales, que no sabemos si serán las correctas, sin embargo, es ahora cuando más se necesita experimentar. Planteo algunas reflexiones que permitan sustentar con relativa certeza algunas acciones:

  1. La familia siendo un dispositivo cultural fundamental no es quien debiera asumir la responsabilidad de “educar”, baste la evidencia levantada en estos días que hace manifiesta la diferencia entre familias y su “potencial educador”, las habitaciones, tecnologías, capacidades no se distribuyen equitativamente. La sociedad es responsable de educar a sus integrantes.
  2. Los usos educativos de Tecnologías suponen tener capacidades para que el recurso sea bien utilizado. Nuestros jóvenes, niñas, niños, el profesorado no han sido preparados para sobrellevar espacios de instrucción formal mediadas por entornos virtuales, más complicado cuando quien debe apoyar el estudio en casa es “la familia” que en muchos casos se encuentra desprovista de herramientas pedagógicas para atender este llamado.
  3. Redefinir el currículo en las escuelas, dotar de flexibilidad curricular, pensar en su contextualización, espero sea uno de los grandes aprendizajes para las organizaciones escolares, gobiernos, directivos y sostenedores tras la pandemia.
  4. La relación pedagógica es lo central, los recursos tecnológicos son un medio coyuntural, por tanto, todo lo que se planifique u organice debe considerarse temporal, preparatorio, complementario, útil para llevar mejor el aislamiento, no como “tarea” escolar. No debe planificarse como si fuera la escuela puesta en una plataforma digital.
  5. Volver a clases no asegura volver a la normalidad. Lo recomendable es un calendario de reingreso alternado y progresivo por niveles. El rencuentro debe centrarse en la persona y su estado integral, la estabilización emocional y afectiva que asegure la salud física y psíquica de estudiantes y profesores.
  6. No hay respuestas uniformes o replicables a toda la población escolar. Se debe confiar en las decisiones profesionales situadas del profesorado.

En consecuencia, es apresurado especular respecto del retorno a la normalidad, se debe avanzar paso a paso pausadamente, sin premura, pues por ahora el COVID-19 lo único que ha confirmado son las profundas desigualdades educativas que existen en Chile.

Vocación docente a prueba de pandemia

Columna del profesor Carlos Guajardo Castillo, Director Carrera Pedagogía en Educación General Básica, UCEN11.

Desde que se declaró la pandemia, las universidades han sufrido un rotundo cambio en sus espacios académicos y administrativos. Profesores y estudiantes tuvimos que adaptarnos en un tiempo muy reducido, a capacitarnos en plataformas virtuales e intentar homologar a este nuevo formato lo planificado. Las cátedras que comúnmente se realizaban en una lógica presencial o en laboratorios, ya no serían posibles de conllevar, lo que generó una “presión” no menor, en el cambio de las metodologías de enseñanza – aprendizaje, que en adelante serían a través de un computador, una tablet o un celular.

En el camino, comenzaron a surgir una serie de demandas, principalmente de los estudiantes, quienes no contaban con un computador para sus clases y menos con conectividad a internet. Estas problemáticas, impactaron también en los académicos; a la falta de asistencia se sumó el efecto generalizado de las llamadas “pantallas negras”, estudiantes que están ‘presentes’, pero con cámaras y micrófonos apagados y una escasa interacción. Sin duda, la dinámica de la clase comienza a ser transformadora y desafiante. Nadie está preparado para esta titánica tarea que posiblemente no es la más correcta, pero que, en tiempos como estos, no tenemos otra alternativa.

Por otra parte, emergen situaciones socioculturales y de salud que los estudiantes resienten: padres que se han quedado sin trabajo, hermanos compartiendo el único computador de la familia, interferencias con la conexión a internet y/o cortes de luz, entre una serie de otras dificultades que las universidades han tenido que sortear con tal de evitar que los futuros profesionales de Chile, queden sin tener que estudiar por razones que lamentablemente se relacionan con lo económico. Paradójicamente son las universidades privadas las que en la actualidad albergan la mayor cantidad de estudiantes universitarios, quienes muchos de ellos cuentan con el famoso CAE, becas del Estado o simplemente, con enorme esfuerzo cancelan mes a mes su colegiatura.

Como profesores, sabemos que la educación es un derecho fundamental y nos duele ver que una cantidad importante de estudiantes deba abandonar la carrera porque no cuenta con los recursos para seguir sosteniéndola. El apoyo gubernamental no puede concentrarse sólo en las universidades estatales.

Por ahora, docentes y académicos continuamos “haciendo patria”, con la perseverancia de que o se vean alterados los procesos formativos de nuestros respectivos estudiantes.

Webinario recomendado

En tiempos de crisis socioeducativa, nuestro propósito es ayudar a visibilizar el trabajo pedagógico que hoy se está construyendo en las escuelas. Entregamos una muestra de algunos ciclos de entrevistas a profesoras y profesores de distintos establecimientos educacionales, extraídos de YouTube y Facebook, con la finalidad de compartir conversatorios acerca de cómo están desarrollando su trabajo, las dificultades que están enfrentando y cómo ven el regreso a clases.

  • «La convivencia escolar en este contexto», entrevista realizada a Eric Carafi, profesor de filosofía, académico de la Universidad de Santiago y del Centro de Estudios Saberes Docentes y especialista en Convivencia Escolar. Publicado por Centro de Estudios y Desarrollo de Educación Continua para el Magisterio, hallado en http://saberesdocentes.uchile.cl/videos/166903/saberes-que-transforman-la-escuela-en-tiempos-de-pandemia-cap12

  • “Orientaciones para la innovación evaluativa en contexto de crisis sanitaria”. Conversatorio del Programa Transversal de Educación Universidad de Chile, hallado en https://fb.watch/4JzEk1C8l-/
  • «Primera Infancia en la escuela a distancia», organizado por el Programa Transversal de Educación, hallado en https://fb.watch/4JAqjlhwnV/

Referencias utilizadas

  1. https://panorama.oei.org.ar/
  2. Plan ¡Estamos a Tiempo!, MINEDUC, Septiembre 2020
  3. Educación a distancia y vuelta al colegio: la reinvención de la comunidad escolar, C. Bellei y G. Muñoz, CIAE y UDP, Julio 2020
  4. Propuestas Educación Mesa Social 3b COVID-19. Chile, Julio 2020
  5. Académica del departamento de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Chile
  6. https://eligeeducar.cl/acerca-del-aprendizaje/educar-contra-incertidumbre-y-pandemia/
  7. Profesor titular en la Facultad de Educación, Economía y Tecnología de Ceuta, Universidad de Granada.
  8. Profesor de Historia y Geografía, Magister en Curriculum y Evaluación y Filosofía Política, USACH.
  9. Militar y político chileno, presidente de la República en dos ocasiones: periodo dictatorial de 1927–1931 y en su periodo legítimo y democrático de 1952–1958.
  10. https://diario.uach.cl/reflexion-sobre-lo-educativo-en-tiempos-de-pandemia/
  11. https://www.canalsurpatagonia.cl/columna-de-opinion-vocacion-docente-a-prueba-de-pandemia/

Referencias bibliográficas

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